
Kiss habían conquistado América. Habían conquistado Europa. Y después, a comienzos de 1977, viajaron a Japón para dar una serie de conciertos con las entradas agotadas en el Budokan de Tokio. Más tarde supieron que habían roto el récord que tenían allí los Beatles. No sabían nada de Japón. Cuando aterrizaron, hicieron lo mismo que en Inglaterra, que era bajar del avión maquillados y con los trajes por si hubiese periodistas.
KISS SNEAK ATTACK ON JAPAN!
Miles de fans llegaron al aeropuerto de Tokio a las 16:30 cuando el avión de Kiss, un “Pan Am Clipper Ship” pintado para el viaje con el logo de Kiss en el fuselaje, aterrizó el 9 de marzo de 1977. (Durante años, Peter creyó que el 747 era propiedad de Kiss debido a que el logo estaba en él). Cuando Kiss bajaron hacia la terminal, un interminable mar de caras con morenas matas de pelo se extendía tras las vallas que bordeaban la pista de aterrizaje. Podían oír los gritos y saludos por encima del estrépito de los aviones que estaban rodando cerca. Kiss iban a tomar Japón por asalto, donde cada concierto estaba con las entradas agotadas meses antes y la prensa estaba preparada para registrar cada movimiento y declaración de Kiss.
Kiss estaban seguros de que serían grandes en Japón.La Kissmaníahabía electrificado al país; la gira estaba perfectamente programada en el tiempo para explotar el fenomenal éxito de Kiss. Su maquillaje estilo kabuki y relucientes trajes conquistarían la imaginación de los fans japoneses y fijarían la atención pública. El show de Kiss, con todo su brillo y ostentación, galvanizaría a las audiencias del país y crearía una bonanza publicitaria para el promotor de Kiss, ‘Sr. Udo’. Abundaban las oportunidades para hacerse fotos, desde los tradicionales jardines japoneses a los antiguos templos para la alborotada vida de los Ginza. Fuesen donde fuesen, multitud de gente les seguía.
Kiss tenían que salir del Aeropuerto Internacional Haneda. El ‘Sr. Udo’ y el jefe de seguridad de Kiss, ‘John Harte’ habían elaborado anticipadamente un plan para que el grupo saliese del avión con el maquillaje, permitiendo a la prensa tomar cantidad de fotos de la llegada al aeropuerto. Una vez que llegásemos a la aduana los oficiales sellarían sus pasaportes y renunciarían a identificar a la banda, prescindiendo de algunas de las formalidades habituales. Ese plan demostró ser efímero. Los oficiales de aduanas de Tokio eran conocidos por ser rigurosos con los reglamentos y echaron atrás el plan original. Kiss tuvieron que trasladarse a otra sala, quitarse el maquillaje, permitir que los inspectores comprobasen sus caras con la de sus pasaportes y volver a ponerse el maquillaje. Lo que les habían dicho sería un “no hay problema” se había convertido en un inevitable retraso. Una vez que estuvieron fuera de la terminal, varios miles de fans se abalanzaron a las limusinas que les esperaban y la seguridad tuvo que apartarles, temerosos de que rompiesen las ventanillas.
Cuando finalmente salieron del aeropuerto, había unos cinco mil fans japoneses. El promotor japonés, Mr. Udo, había preparado coches duplicados, y la mayoría de los fans corrieron tras los coches falsos mientras que Kiss se metían en los otros.

La llegada de Kiss para una serie de diez conciertos en su primera gira japonesa en marzo y abril, junto con la habitual panoplia de promociones, no sería bastante para Kiss, sin importar lo tumultuosa de la bienvenida. Mientras la banda estaba a16.000 kilómetrosde Estados Unidos, en casa las hogueras tenían que mantenerse ardiendo. Los medios de comunicación americanos tenían que estar constantemente bombardeados con el bombo publicitario ya que Kiss no estaban de gira allí para echar carbón al fuego. La popularidad de Kiss había aumentado tan rápidamente en el último año que cualquier tirón de prensa y promoción podía aliviar el entusiasmo de los fans de casa. Kiss encontró una solución importante y costosa para el problema, y tenía al hombre para hacerla funcionar.
‘Al Ross’ había entrado en imagen recientemente como publicista jefe de Kiss. Al salía de las oficinas de Aucoin Management en The Press Office, una filial. Gregario y bien parecido, Al tenía un hábil tacto para ganarse la amistad de la prensa. Él podía haber sido un personaje de “The Front Page”. Estaba en los cuarenta y tantos, Al salpicaba su lenguaje con algunos “babys” y “how are yas.” Era el prototipo de agente de prensa que había estado en el negocio durante años con artistas como “Grand Funk Railroad”, “Los Osmonds” y “Blood, Sweat & Tears”.
‘Al Ross’ y ‘Bill Aucoin’ idearon una ingeniosa solución para el problema de la prensa en Estados Unidos. Llevaríamos a la prensa con Kiss a Japón. El contingente de prensa de los Estados Unidos vendría también, escribiría artículos mientras estaba de gira con Kiss en Japón, tomaría fotos, haría reportajes de los conciertos y suministraría artículos a las revistas y periódicos de vuelta a casa. No habría tregua en el bombo publicitario casero. Y allí habría abundancia de artículos sobrantes para usar de relleno en publicaciones posteriores. Era simple, era grande y nunca había sido hecho antes por un grupo de rock a esta gran escala.

Una docena de periodistas fueron escogidos por Al para la excursión periodística, la mayoría de publicaciones de rock y música y algunos de agencias. Ellos estarían durante toda la gira -unas tres semanas a través de cinco ciudades, incluyendo Tokio, Osaka y Kyoto- y volarían en primera clase con Kiss, se alojarían en sus hoteles y tendrían todos los gastos pagados. Este no era un asunto de unos centavos. Costaría mucho dinero.
A Kiss les encantaba Japón. Los fans les colmaron de afecto, la compañía discográfica no escatimó enormes sumas en preparar promociones hechas a la medida de los entusiastas medios de comunicación del país, y el promotor ganó un pastón por ir a buscar a unos artistas que representaban el estilo americano del show business, una formula que rara vez fallaba en Japón. Kiss actuaron para cerca de 60.000 fans en Japón en su gira con todas las entradas vendidas. Había cientos de hombres de seguridad en cada local, y había acomodadores asignados a cada fila de asientos para mantener a los fans bajo control. En Japón el entusiasmo tenía unos límites muy claramente definidos y los muy eufóricos fans que saltaban de sus asientos tenían una enérgica luz brillando en los ojos. Variety, en su número del 6 de abril de 1977 describiría el show de Kiss como “Al estilo Busby Berkeley,” comentando que entre costes estimados de producción de la gira y el séquito viajero que incluía a la prensa era “quizá la más costosa prueba de rock and roll…”
Durante la gira, la banda pasaba su tiempo libre en excursiones de compras, cargando toneladas de equipo para cámaras y artilugios electrónicos. Sólo recientemente habían entrado en el dinero en abundancia, y para Ace, que nunca tuvo mucho cuando estaba creciendo, era una oportunidad para tirar la casa por la ventana. Cualquier tipo de juguete que siempre hubiese ansiado estaba listo para ser cogido en las galerías de compras de Ginza, cientos de minúsculas tiendas derramadas por las aceras de las estrechas calles y callejuelas, todas las tiendas llenas de cámaras de video, magnetófonos, guitarras eléctricas, chismes de estudio y telescopios.
El ‘Sr. Udo’ introdujo al séquito de Kiss a una de las más sensuales experiencias del Oriente, los tradicionales baños. Pases que parecían descomunales cupones de supermercado -fácilmente valorados en varios cientos de dólares cada uno- fueron cuidadosamente distribuidos entre la banda y su círculo íntimo para que entrasen gratis. Dentro de los baños, esbeltas y chiquitas muchachas en shorts y tops blancos deambulaban por un jardín rocoso japonés que conducía a un pasillo de habitaciones privadas donde cada suite estaba cerrada por una puerta corredera de madera. Las chicas les acompañaban a una zona de baños con azulejos y los desnudaban antes de sumergirlos en la tibia y espumosa agua. Después se iban a la suite para un masaje con aceites calientes y un masaje corporal que incluía un inusualmente intenso trabajo a mano que casi paraba el corazón.
Ace y Peter nunca fueron al baño; ellos trajeron a sus esposas a Japón. Gene no sería encontrado muerto en un comercializado palacio del placer donde el sexo estaba a la venta; él se encerró en su suite en el Hotel Okura con una compañera de juegos que había encontrado. Paul al parecer hizo una visita y encontró la experiencia memorable. Cuando después uno de la banda le preguntó que había de especial en un masaje con aceite caliente y un trabajo a mano, él respondió, “Si pudieses hacer eso tú mismo, nunca saldrías de tú habitación.”
Durante uno de los días libres en Japón, la banda fue a un club nocturno. La banda no hablába japonés, así que contaban con traductores. Pasaron a su sección VIP, y a los pocos segundos las chicas empezaron a ponerse en fila y pasar a su lado con la risilla tonta. Una de las chicas, una belleza de casi 1,70, hizo contacto visual con Gene Simmons. Inmediatamente Gene se acercó y la cogió de la mano tirando de ella hacia la pista de baile. Ella sonreía.
Más tarde se fueron al hotel e intentó conversar con ella, ella no hablaba ni una palabra de inglés. Sin embargo, no pareció importarles. No necesitaban hablar.
Al día siguiente uno de sus guardias de seguridad le dijo a Gene que ella era una famosa estrella de la televisión japonesa. Justo antes de los espacios publicitarios de última hora, la televisión japonesa mostraba una foto de una preciosa chica desnuda sonriendo a la cámara. Cuando Kiss volvieron a América, su oficina de prensa enseñó a Simmons un recorte de prensa de Japón. Allí estaba ella, sonriendo frente a incontables miembros de la prensa japonesa. El título del artículo era “Mi noche de pasión con Gene Simmons”.
El precio de la excursión periodística y la enorme producción de Kiss eran cercanos a los 250.000 dólares. Era una suma alucinante para una maniobra promocional, pero no fue inútil. La gira japonesa de Kiss fue extensamente comentada en la prensa americana, llenando el vacío de la ausencia de Kiss en su base natal. La extravagante obra japonesa con todo lo que suponía -constantes entrevistas en los hoteles, en los aviones y en el Tren Bala; fotos de Kiss usando kimonos con santuarios budistas como fondo; conferencias de prensa en cada ciudad con cobertura televisiva; Kiss vestidos con vistosas túnicas seculares japonesas de seda, era una magnífica promoción. Era el bombo publicitario de Kiss en estado puro, inteligente, innovativo, inusual y sin precedentes.

Girar con Kiss en Japón, o en cualquier otro sitio, era como ser absorbido en un vórtice. Cada actividad estaba comprimida en pequeños compartimentos de tiempo y cada minuto tenía que ser maximizado para su muy riguroso programa. Kiss nunca parecían dejar de hacer giras. Es como estar en una maratón sin ver la línea de meta siquiera. Apenas había tiempo suficiente en cualquier lugar para comprobar el huso horario en el que estabas para ajustar tu reloj. Casi diariamente, había una enervadora y vertiginosa sucesión de aeropuertos, hoteles, limusinas, alquiler de coches y pabellones. Entre vuelos de enlace, escalas y traslados en coche, se consumían viajando días enteros. Pero esta fórmula era la que funcionaba para Kiss. Hubo más de doscientos conciertos desde 1976 hasta comienzos de 1978, y en la mayoría de las ciudades Kiss o agotaban las entradas o estaban cerca.
Artículo por Kiss Army Spain














